Acero Wootz y Familia

Acero Wootz, padre del tamahagane y otros aceros avanzados

El Acero Wootz es un acero de crisol caracterizado por poseer patrones o bandas de capas de microcarburos templados en una matriz de martensita, cementita y/o perlita.

Alrededor del año 400 A.C., los herreros de Sri Lanka desarrollaron una técnica conocida hoy como acero wootz, que producía un acero con muy alto contenido de carbono, con una pureza y resistencia desconocidas en la época. La técnica fabricación de este wootz original se perdió hace siglos, pero la calidad e increíble resistencia del material hizo que técnicas derivadas de éste se desarrollaran por toda Asia y el medio oriente.

El Wook o Ukku aparece en la india alrededor del 100 A.C. y es considerado por muchos como el acero wootz, llamando a su extinto original Viejo Wootz. Se partía de arrabio y hematita que se fundía en crisol, se añadían arenas sílicas (vidrio) durante el fundido del hierro y se calentaba con carbón vegetal. El vidrio al fundirse actuaba como un agente que hacía fluir las impurezas de la mezcla permitiendo que afloraran a la superficie durante el forjado. Miles de acerías se encontraron en el área de Samanalawewa en Sri Lanka y en el sur de la India, donde se elaboraba acero al ultra-alto carbón (típicamente 1.5% con bandas de hasta 3%) hasta comienzos del año 300. Estos hornos de las acerías se ubicaban de tal forma que los vientos procedentes del oeste, los Monzones, proveían la succión necesaria para poder soplar y calentar los hornos durante días. Los sitios de elaboración del acero de Sri Lanka se han datado mediante Carbono 14 hasta el año 300. La técnica creada aquí se fue propagando lentamente a lo largo del mundo hasta llegar a Japón alrededor del año 300 por medio de los armeros chinos; a partir de allí evolucionó al acero Tamahagane;

se extendió al este y noreste de Asia (Rusia y Mongolia) por el año 500 donde se le conoce como acero Bulat;

a Turkmenistán y a Uzbekistán a lo largo del 900, y al Oriente Medio alrededor del año 1000 donde llegó a ser más conocido como acero de Damasco.

El acero de Damasco, también llamado damasceno o damasquino, aunque evolucionado a partir del wootz, es diferente del resto de la familia, ya que éste parte de dos aceros distintos que se laminan juntos para producir un veteado o grano muy marcado, mientras los demás son trabajados con un solo acero y la diferenciación de las capas se produce durante los procesos de laminado y forjado. En muchas partes de occidente llaman indebidamente damasquino a casi cualquier acero laminado, debido a que el primer encuentro de los europeos con este avanzado material fue en las cruzadas, donde los sirios utilizaban espadas que rápidamente se ganaron su reputación de poder cortar un pedazo de seda en el aire, y de poder partir una roca sin perder su filo. Las espadas sirias sacaban virutas o partían los aceros ingleses y toledanos de los europeos, por lo que ciertamente causaron gran impresión.
A pesar de este prestigio, el damasquino es en realidad el acero menos resistente de la familia, siendo superado por el bulat ruso, éste por el wootz híbrido (wootz-tamahagane) de China, y todos superados por el llamado tamahagane imperial, producido durante la época de oro de las espadas japonesas, el periodo Kamakura, que hoy son consideradas tesoro nacional del Japón.

De las variedades producidas hoy en día, sobresalen el nuevo tamahagane de las shinshinto de Japón y el generalmente superior (aunque variable y difícil de encontrar) wootz-tamahagane de Longquan, que en las forjas tradicionales muestra las tramas de nanotubos de carbono del viejo wootz.

Las espadas producidas usando el templado diferenciado con arcilla, presentan estas mallas de carburos sumergidas en martensita y perlita debajo de la línea de hamon, es decir, en el filo de la hoja, alcanzando una dureza típica de 60HRC. En el cuerpo de la hoja, se presentan los nanotubos de carbono con nanofibras de metales como tungsteno y vanadio en estructuras de acero de bainita y cementita. El cuerpo de las hojas tiene una dureza (hardness) alta, tenacidad (toughness) muy alta y una increíble resistencia (resilience) a la rotura y la fatiga del metal, características imposibles de encontrar en esa medida en un solo acero moderno.

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