Restauración de una Toledo

Hacía muchos, muchos años que no trabajaba con un acero artesanal de Toledo, de los de la vieja escuela. Tantos años de Nihonto, que ahora mi togishi interior se retorcía con las decisiones que había que tomar. Y es que es muy diferente la restauración de una Nihonto, donde cada línea, plano y ángulo deben ser perfectos, y una hoja europea, donde es necesario preservar la imperfecciones y detalles de una hoja artesanal. Si bien ya habíamos trabajado en la Ferrara, todas las piezas de Ercolo dei Fidelis son de líneas perfectas y superficies y grabados impecables, por lo que no nos habíamos topado con la “dejadez” que una Toledo exige.
Iniciamos con la limpieza y afilado de la hoja, siguiendo y respetando lo irregular de sus biseles. Utilizamos una piedra Yamato Kazangan que respeta las texturas del metal mientras afila sin dejar marcas:

Biseles

Biseles de la punta

Después pasamos al cuerpo de la hoja. Para preservar las irregularidades de la hoja forjada a mano, no utilizamos piedras. En su lugar, fueron días de frotar pacientemente con un nugui compuesto casi exclusivamente de Uchigumori. Ésto retiró todo el óxido superficial conservando las formas del acero, sacando incluso las marcas del limón, o lima desbastadora, que se usó para darle forma final a la hoja. El herrero no puso mayor esfuerzo en su pulido final, tratándose de una hoja utilitaria de combate.
También salieron a relucir picaduras de óxido, algo inevitable cuando se permitió la corrosión de la hoja por mucho tiempo. Un restauración, de nuevo, debe respetar lo más posible las formas originales de la pieza, por lo que no se “persigue” estas perforaciones tratando de eliminarlas. Eso desgastaría demasiado el metal y se perderían los detalles de su superficie. Se limpia la hoja lo mejor posible y se da tratamiento a las perforaciones remanentes para detener la corrosión. El kanahada nugui es perfecto para esto, rellena las picaduras y permanece inerte, protegiendo la hoja de corrosión en el futuro. Los puntos negros son las picaduras o “cacarizo” del óxido, ya tratados con nugui.

Hoja limpia

Punta limpia

La hoja se lava con aceite y mientras ésta se absorbe y reposa, limpiamos la guarda y el pomo, igualmente limitándonos a remover óxido y pátina sin desgastar el metal original:

Guarda limpia

También retiramos la envoltura protectora del mango, pues ya terminó el “trabajo sucio” y se cepilla, en seco, para retirar impurezas y conservando su óxido intencional. Ésta no se aceita pues perdería su naturaleza seca y rasposa pensadas para un mejor agarre.

Ahora sólo falta afinar el filo, que siempre dejo al final, y está lista para irse a su casa.

Me encantó esta restauración, a pesar de ser a contrapelo de mis costumbres togishi, la belleza de este acero, y el haber podido manejar un arma de combate de tanto renombre como las de Toledo, fue una maravillosa experiencia.

 

 

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